Por: Julio César Moreta Zarzuela

Nací en Neiba a unos 200 kilómetros de Santo Domingo por carretera, en mi pueblo natal conocí al Señor, al venir a la capital me aparté del camino, hasta que conocí a la pastora Josefina Báez, cuando me recomendaron para hacer unas reparaciones a la nevera, una lavadora y pintar una estufa.

De esa relación comercial se inició una bonita amistad, ya que me recomendaba para trabajos con toda la familia, hermanos de la Iglesia y personas conocidas… me predicaba el Evangelio, me invitaba al culto y a actividades especiales de la Iglesia, de la cual su esposo era pastor, hasta que me reconcilié con el Señor y fuimos parte inicial del proyecto que hoy es Casa de Júbilo y Salvación Hashem.

Testimonio Julio César Moreta Z.

Cuando conocimos a la familia pastoral ya había procreado a mis hijas Cristal, Elaine Massiel y Elaine Michelle, estas últimas son gemelas, nacieron de la unión con Vickiana Peralta, ya que tengo dos más: hija e hijo de relaciones anteriores; Michelle, que es la mayor y Yunior, el único varón.

A Elaine Michelle le decíamos la gorda y a Massiel la flaca, debido a que nació con un problema congénito en el bazo, casi todas las semanas tenía que hacerle una transfusión de sangre, cuando no tenía un donante tenía que comprarla; no se podía operar hasta que cumpliera cinco años de edad y apenas tenía tres años. No tenía un trabajo fijo, como técnico en refrigeración vivía el día a día. Vickiana también enfermó, aumentaron los gastos médicos y en medicamentos, estaba al borde de la desesperación.

Entonces decidí pedirle ayuda al único que podía hacerlo, a nuestro Señor Jesucristo, iba a la Iglesia, tomaba la llave prestada a los pastores, oraba, ayunaba muchas horas, muchos días… hasta que en el culto de domingo el Pastor me dijo desde el púlpito: “Satanás no te va a seguir desangrando el bolsillo”.

De vez en cuando visitaba a un sobrino que trabaja en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), y me decía que realizara trabajos como colaborador de la Universidad, para así demostrar mi capacidad; para cuando se presentara una vacante tuviera la opción de que me contrataran, pero para una persona que no tiene empleo fijo y una familia que sustentar era algo difícil. En esos días una profesora de la Universidad a la cual le había hecho un trabajo y quedó muy satisfecha, me prometió que haría todo el esfuerzo posible por ayudarme, lo cual me encontraba muy difícil, el Pastor me hizo el curriculum, puso su dirección y teléfono; entregué, el curriculum solamente por cumplir porque no tenía fe en que me llamarían.

El Señor no se hizo esperar en sus promesas, vino a la República Dominicana un equipo de médicos especialistas de Estados Unidos al Hospital Infantil Dr. Robert Reid Cabral para ver esos casos especiales y el caso de Elaine Massiel fue uno de ellos, fue operada apenas faltando meses para cumplir los cuatro años, fue todo un éxito. El post-operatorio la pasó en la casa de los pastores junto a Vickiana y estando ellas allá, me llamaron para un puesto en el Departamento de Mantenimiento de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), con un buen sueldo y un horario que me permitiría dar servicio a mis clientes.

Pero el Señor no se detuvo ahí, a los pocos meses fui nombrado como empleado de la Universidad, con todos los privilegios que eso conlleva, pero también me trajo problemas porque habían personas con varios años y no habían sido nombradas, mi salario era superior al de muchos técnicos con más tiempo que yo. Sé y reconozco que Dios proveyó y que Él es “el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre” (Apocalipsis 3:7b)

Dios proveyó salud y una fuente de ingresos fija, a los pocos meses nos proveyó un vehículo, una camioneta para el servicio a mis clientes, a mi familia, a la Iglesia y a la obra de Dios.

¡Ah! A Elaine Massiel ya nadie le ha vuelto a decir “la flaca”.