INTRODUCCIÓN

¿Qué pasaría si una mujer que todos saben que ejerce la prostitución en las calles, llegara corriendo a la iglesia, hasta donde está el pastor, en el púlpito, en un culto de domingo, lo abrazara y le dijera en voz alta: “¡Gracias, Pastor! ¡Muchísimas gracias por todo lo que usted ha hecho por mí!”?

Estoy seguro que inmediatamente se escucharía un murmullo en toda la Iglesia, el pastor sería muy criticado por unos y elogiado por pocos; si no rechaza a esa mujer, de seguro que va a llamar inmediatamente a su esposa, a las diaconizas, a la presidenta de la sociedad de damas, a la presidenta del ministerio de oración… ¿por qué? Porque hay que guardar una reputación, evitar el ser juzgado por los demás, guardar el “testimonio”…

De seguro que los líderes de la Iglesia le darán algunos “sabios” consejos al pastor, tales como:

– “Esta mujer le va a crear mala fama, dondequiera que usted vaya todos (el pueblo, el barrio, el vecindario, la urbanización, la colonia) le estará observando, muestre la “buena conducta” que dice la Palabra de Dios en Santiago 3:13 (con versículo bíblico y todo)”.

– “Pastor, tiene que ser sabio e inteligente. La gente le está criticando, escuche el murmullo en la Iglesia, despida a esa mujer”.

– “Tiene que ser intachable delante de los ojos del mundo, de lo contrario, la obra de Dios se verá obstaculizada por su culpa, muchas personas dejarán de venir al culto, se van a reducir los diezmos y las ofrendas, ¿qué pasará con los planes de expansión de la iglesia? No vale la pena por una persona así”.

Jesús enfrentó una situación parecida, sólo que a él no le preocupó su reputación, había un alma que salvar, nos referimos a la mujer pecadora de Lucas 7:36-50

LECTURA:

Jesús en el hogar de Simón el fariseo

36 Uno de los fariseos rogó a Jesús que comiese con él. Y habiendo entrado en casa del fariseo, se sentó a la mesa.
37 Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume;
38 y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume.
39 Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora.
40 Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dijo: Di, Maestro.
41 Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta;
42 y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más?
43 Respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado.
44 Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos.
45 No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies.
46 No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume mis pies.
47 Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; más aquel a quien se le perdona poco, poco ama.
48 Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados.
49 Y los que estaban juntamente sentados a la mesa, comenzaron a decir entre sí: ¿Quién es éste, que también perdona pecados?
50 Pero él dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, ve en paz.

DESARROLLO:

>> Dos eventos que tienden a confundirse

En el relato que acabamos de leer, la mujer pecadora se acercó a Jesús en la casa de Simón el fariseo, «y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume.» (Lucas 7:38) Según los usos y costumbres del pueblo hebreo, cuando una persona importante – en este caso Jesús estaba siendo invitado a comer por ser maestro y profeta – las personas de los alrededores podían asistir a la casa para escuchar las conversaciones que sostenían mientras comían. El “sentarse a la mesa” era recostarse sobre un cojín porque la mesa era bajita y los pies quedaban hacia atrás, por eso la mujer pecadora alcanzó los pies de Jesús.

Mateo 26:6-13, Juan 12:1-8 y Marcos 14:3-9 se refieren a un mismo evento, se refieren a María de Betania, el punto común de la conversación fue la protesta por derramar sobre el Señor un perfume tan caro como el nardo, que era un aceite perfumado traído de la India, sucedió en el hogar de Simón el leproso, estaba Lázaro presente y sucedió pocos días (seis antes de la Pascua, para ser exactos) de la crucifixión.

La que ungió los pies de Jesús en Juan 11:2; 12:1-8, era María de Betania, la hermana de Lázaro. El apóstol Juan al iniciar el relato de la muerte de Lázaro empieza de esta manera: Juan 11:1-2 «1  Estaba entonces enfermo uno llamado Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta su hermana. 2   (María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, fue la que ungió al Señor con perfume, y le enjugó los pies con sus cabellos.)»

En el siguiente capítulo, Juan 12 dice: «1  Seis días antes de la Pascua, vino Jesús a Betania, donde estaba Lázaro, el que había estado muerto, y a quien había resucitado de los muertos.
2  Y le hicieron allí una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa con él.
3  Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume. Juan 12:1-3»

Los eventos de Lucas 7: 36-50 se desarrollan en la casa de Simón el fariseo donde las conversaciones y los eventos fueron completamente distintos, en este caso Jesús no fue tratado con cortesía (Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos. No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume mis pies.), a la mujer que por la descripción muchos autores bíblicos sostienen que podría ser una prostituta (aunque no estoy de acuerdo porque la Biblia no especifica el pecado, ni qué mandamiento violó, pero era algo que estaba en el dominio público y que el fariseo sabía pero lo más importante, es que Jesús no repudió sus acciones), por lo tanto no se debe confundir María de Betania con la mujer pecadora.

Ninguno de los Evangelistas dice que esa mujer es María Magdalena.

>>Mentiras que de tanto repetirse se creen como verdades

En torno a María Magdalena se ha tejido un mito, que es necesario aclarar, ya que ha sido elaborado por escritores, novelistas y libretistas de películas; inclusive, en la película “La Pasión de Cristo” (2004, dirigida por Mel Gibson) se contrató a una de las actrices más bellas, Mónica Bellucci para el papel de María Magdalena. Todos han creado una fantasía la cual sugiere tres cosas que no están en la Biblia:

Que había sido una prostituta, María Magdalena había sido poseída por siete demonios (Lucas 8:2).

Que era joven y atractiva (El hecho de que todas las mujeres que le servían a Jesús eran mujeres mayores, Juana mujer de Chuza, Susana, otras muchas (Lucas 8:3) y María Magdalena que estaba como testigo en el momento de la crucifixión, lo que da apoyo al razonamiento de que ella las igualaba en edad) y

Que sentía un afecto romántico hacia Jesús, sería ridículo pensar que su saludo e intento de abrazar a Jesús después de la resurrección, no fuera más que el gozo de ver que el Señor estaba vivo, es fácil llegar a la conclusión de que de esta mujer brotó un sentimiento de agradecimiento.

En la historia de Lucas la mujer pecadora no tiene nombre.

>>¿Con quién se identifica usted en el relato bíblico?

Considero que pocos de la iglesia se identifican con Simón el fariseo. Simón invitó a Jesús a comer por ser una persona importante, le dice “Rabí” (Maestro), tenía cierta curiosidad por saber, conocer y aprender de la sabiduría del profeta. Por supuesto que recibió una lección, de perdón y misericordia:

39 Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora.
40 Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dijo: Di, Maestro.
41 Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta;
42 y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más?
43 Respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado.

Muchos cristianos necesitamos estas lecciones.

Otros, tal vez no nos identificamos con la mujer. Porque somos iguales a ella, somos pecadores, pero deseamos estar lo más cerca de Jesús, deseamos servirle sin importar el costo. La mujer en la historia vertió perfume caro en los pies de Jesús, pero no importa el costo, lo importante es que nos identificamos con la mujer, sabemos el perdón que nos espera. Besar los pies de Jesús es símbolo de gratitud cariñosa. No sabemos el pecado de la mujer, pero sabemos que somos pecadores. Necesitamos el perdón que ofrece Jesús, y estamos agradecidos de recibirlo.

¿Me pregunto cuáles de nosotros se identifican con Jesús en esta historia? Los pastores y los líderes de la iglesia pueden caer en esta trampa, y levantar las manos, ya que identificarse con Cristo implica hacer lo mismo que él hizo, perdonar, tener misericordia y extender la gracia a través de la salvación, sin importar lo que estaban pensando los líderes religiosos, como dijimos en la introducción.

Jesús ofrece el perdón, y por el perdón de la mujer, podemos comprender la gracia de Dios, cómo vivir en nuestras vidas, no juzgando como el fariseo. Debemos acercarnos uno a otro con humildad, como la mujer a Jesús. En esta historia de perdón, gracia y misericordia, el Espíritu Santo nos guía en nuestras relaciones con Dios.

CONCLUSIÓN:

En conclusión, debemos repensar el carácter de esta mujer, una pecadora. ¿No somos todos pecadores? ¿Cómo sería si yo, o usted, o la persona que está a su lado fuéramos quienes entraran a la casa de Simón el fariseo para lavar los pies de Jesús con las lágrimas y para secarlos con nuestros cabellos? ¿Si fuéramos la persona que era juzgada por el fariseo? Porque Jesús nos redime a todos, justamente como él redimióa la mujer pecadora en la lectura del Evangelio. El fariseo quiso juzgar a esta mujer, y Jesús en cambio la perdonó y le dio la salvación, sin importar lo que pensaran los demás.

Recordemos que el apóstol Juan en su primera carta nos dice: “Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros y la sangre de Jesucristo, su Hijo, nos limpia de todo pecado.” (1 Juan 1:7)
¡Dios les bendiga, Dios les guarde!