¿Cómo responde usted cuando el Señor le habla a través de su Palabra, de su conciencia, o de mensajes basados en las Escrituras? ¿Ha considerado que es una carga negativa? Entonces usted es objeto del endurecimiento del corazón. Como se verá más adelante, en los textos bíblicos como Éxodo 7. 1-13; Isaías 6: 1-10 y Juan 12: 37-50, el endurecimiento produce la condenación no solamente de aquellos que no son cristianos, sino de aquellos que están en la Iglesia, pero que no son de la Iglesia de Cristo:

Los juicios a los inconversos que se resisten a arrepentirse.

Éxodo 7:1-13

1 Jehová dijo a Moisés: Mira, yo te he constituido dios para Faraón, y tu hermano Aarón será tu profeta.
2 Tú dirás todas las cosas que yo te mande, y Aarón tu hermano hablará a Faraón, para que deje ir de su tierra a los hijos de Israel.
 3 Y yo endureceré el corazón de Faraón, y multiplicaré en la tierra de Egipto mis señales y mis maravillas.
 4 Y Faraón no os oirá; mas yo pondré mi mano sobre Egipto, y sacaré a mis ejércitos, mi pueblo, los hijos de Israel, de la tierra de Egipto, con grandes juicios.
   5 Y sabrán los egipcios que yo soy Jehová, cuando extienda mi mano sobre Egipto, y saque a los hijos de Israel de en medio de ellos.
6 E hizo Moisés y Aarón como Jehová les mandó; así lo hicieron.
7 Era Moisés de edad de ochenta años, y Aarón de edad de ochenta y tres, cuando hablaron a Faraón.
La vara de Aarón
8 Habló Jehová a Moisés y a Aarón, diciendo:
9 Si Faraón os respondiere diciendo: Mostrad milagro; dirás a Aarón: Toma tu vara, y échala delante de Faraón, para que se haga culebra.
10 Vinieron, pues, Moisés y Aarón a Faraón, e hicieron como Jehová lo había mandado. Y echó Aarón su vara delante de Faraón y de sus siervos, y se hizo culebra.
11 Entonces llamó también Faraón sabios y hechiceros, e hicieron también lo mismo los hechiceros de Egipto con sus encantamientos;
12 pues echó cada uno su vara, las cuales se volvieron culebras; más la vara de Aarón devoró las varas de ellos.
13 Y el corazón de Faraón se endureció, y no los escuchó, como Jehová lo había dicho.

En la Edad Antigua de la Historia, los reyes y emperadores, era considerados dioses, el objetivo de Dios era que lo reconocieran como tal, que sus deidades eran incapaces de defenderlos y de defenderse. La mayoría de los dioses egipcios eran antropomorfos, tenían cuerpo de hombre y cabeza de animal, cada plaga atacaba cada deidad. Era el castigo de Dios a los que resistían convertirse de sus malos caminos.

El reto se inicia con las culebras, el apóstol Pablo compara a los sabios y hechiceros Janes y Jambres con los “hombres corruptos de entendimiento, réprobos en cuanto a la fe [de los postreros o últimos días]” (2 Timoteo 3:8)

La primera plaga: Éxodo 7:14-25 [las aguas se convierten en sangre], 8:1-15 [la plaga de las ranas], 16-19 [la plaga de los piojos], 20-32 [la plaga de las moscas]; 9:1-7 [la plaga en el ganado], 8-12 [la plaga de las úlceras], 13-35 [la plaga del granizo]; 10:1-20 [la plaga de las langostas], 21-29 [la plaga de las tinieblas]; y 11:1-10 [la plaga de la muerte de los primogénitos].

Todos estos pasajes bíblicos describen los juicios resultantes del endurecimiento o corrupción del entendimiento de los inconversos que se resisten a arrepentirse de sus malos caminos, hasta el final de sus días.

Los juicios a los del pueblo de Dios que se resisten a arrepentirse.

Isaías 6:1-10

Visión y llamamiento de Isaías

1 En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo.
2 Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban.
3 Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria.
4 Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo.
5 Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.
6 Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas;
 7 y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado.
 8 Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí.
 9 Y dijo: Anda, y di a este pueblo: Oíd bien, y no entendáis; ved por cierto, mas no comprendáis.
 10 Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad.

En este pasaje el profeta Isaías reconoce que es un hombre que está en pecado, y que habita en un pueblo pecador. El serafín pasó un carbón encendido por sus labios para quitar su culpa y limpiar su pecado. Por la gracia salvadora en nuestros tiempos solamente debemos confesar nuestros pecados, con nuestros labios: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9), el apóstol Pablo dice en Romanos 10:10 “Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.”

En el versículo 10, el profeta Isaías dice: “Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad.” Es el pueblo de Dios y su pecado los lleva a perder su salvación. La gran interrogante en este punto es ¿por qué? Porque nunca han sido hijos de Dios.

En el Nuevo Testamento se encuadran en la parábola del sembrador:

Mateo 13:1-15

Parábola del sembrador
(Marcos 4:1-9; Lucas 8:4-8)
1 Aquel día salió Jesús de la casa y se sentó junto al mar.
2 Y se le juntó mucha gente; y entrando él en la barca, se sentó, y toda la gente estaba en la playa.
3 Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar.
4 Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron.
5 Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra;
6 pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó.
7 Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron.
8 Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno.
9 El que tiene oídos para oír, oiga.
Propósito de las parábolas
(Marcos 4:10-12; Lucas 8:9-10)
10 Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas?
11 El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado.
12 Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.
13 Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.
14 De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo: 
    De oído oiréis, y no entenderéis; 
    Y viendo veréis, y no percibiréis.
15 Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, 
    Y con los oídos oyen pesadamente, 
    Y han cerrado sus ojos; 
    Para que no vean con los ojos, 
    Y oigan con los oídos, 
    Y con el corazón entiendan, 
    Y se conviertan, 
    Y yo los sane.

En esta parábola, Jesús expone la obra salvadora de Su Palabra, así como explica [en los versículos mencionados arriba] a sus discípulos el propósito de tales palabras: Que quienes nunca han sido hijos de Dios, aunque estén dentro del pueblo de Dios, jamás se convertirán por su dureza de corazón.

El apóstol Juan en el capítulo 12:37-43 explica el por qué de la incredulidad de los judíos:

Juan 12: 37-43

Incredulidad de los judíos

    Estas cosas habló Jesús, y se fue y se ocultó de ellos.
37 Pero a pesar de que había hecho tantas señales delante de ellos, no creían en él;
 38 para que se cumpliese la palabra del profeta Isaías, que dijo: 
    Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio? 
    ¿Y a quién se ha revelado el brazo del Señor?
 39 Por esto no podían creer, porque también dijo Isaías:
 40 Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón; 
    Para que no vean con los ojos, y entiendan con el corazón, 
    Y se conviertan, y yo los sane.
    41 Isaías dijo esto cuando vio su gloria, y habló acerca de él.
42 Con todo eso, aun de los gobernantes, muchos creyeron en él; pero a causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga.
43 Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios.

Temían ser expulsados de las sinagogas y amaban más la gloria de los hombres. La condición de cada corazón determina el resultado, cada persona tiene una relación distinta con Dios, es única y personal.

El endurecimiento es un proceso lento que es seguido por una serie de justificaciones y excusas: ya no hay tiempo para asistir al culto, no podemos ofrendar ni diezmar para Dios porque el dinero no alcanza, no respondemos las llamadas telefónicas del Pastor o de algún líder u otro miembro de la Iglesia, nuestro círculo de amigos cambian, vamos participando en actividades seculares que en nada edifican…

Juan 12: 44-50

Las palabras de Jesús juzgarán a los hombres
44 Jesús clamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió;
45 y el que me ve, ve al que me envió.
 46 Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas.
47 Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo.
 48 El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero.
 49 Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar.
50 Y sé que su mandamiento es vida eterna. Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho.

El Señor desea, anhela, tener un encuentro con usted, quiere que usted sea salvo. Quiere que usted escape de las garras del infierno. Recuerde que el juzgará todas nuestras acciones, sean buenas o sean malas.

He aquí las características que son las de un corazón endurecido:

  • Desobedece la Palabra de Dios y todos sus mandatos.
  • Se vuelve insensible ante las cosas de Dios.
  • Rechaza someterse a la autoridad de la Iglesia, especialmente de su Pastor.
  • Justifica su conducta pecaminosa.
  • Evita todo contacto con hermanos en la fe.
  • Resiste las amonestaciones de otros.
  • Preocupación por las cosas del mundo (la carrera, los estudios, los amigos, las cosas materiales).
  • Poco interés en los asuntos espirituales.
  • La lectura de la Biblia y los momentos de oración ya no existen.
  • Evita adorar a Dios en público.

Si usted ha descubierto algunas de estas características en su vida, comience hoy mismo a realizar cambios: ¡vuelva al Señor! Pídale que le dé un corazón nuevo. Recuerde que Él es especialista en hacer todas las cosas nuevas.

Dios te bendiga. Dios te guarde.

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