Los cristianos no estamos exentos de las dificultades [una enfermedad que consume todos nuestros recursos], el sufrimiento [tal vez nuestro hijo o nuestra hija no se está comportando a la altura en que debía comportarse, habiendo recibido “todo” de nosotros], el dolor de la vida [la pérdida de un ser querido]. El apóstol Pedro nos da aliento cuando dice:

1 Pedro 5: 7, 10

7 [Echando] toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.

10 Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca

¿Por qué es importante echar nuestra ansiedad sobre él?

La palabra ansiedad, merimna: de meiro, “dividir”, y noos “la mente”. La palabra indica distracciones, ansiedades, cargas y preocupaciones. Merimna significa estar ansioso anticipadamente acerca de la vida diaria. Semejante preocupación es innecesaria, porque el amor del Padre provee para nuestras necesidades diarias igual que para nuestras necesidades especiales. En muchas ocasiones nos asaltan los pensamientos, las preocupaciones, la incertidumbre, no hay nada que parezca darnos un consuelo, entonces sufrimos y en medio de la desesperación clamamos a Dios pidiendo fortaleza, su ayuda y su favor, sabiendo que él tiene cuidado de nosotros. El apóstol Pablo nos dice “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos”. Romanos 8:28-29

Isaías 40:31 dice: “Los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas”.

Dios tiene cuidado de todo aquel que ha sido llamado, que nos ha hecho sus hijos, por lo tanto hermanos del Hijo. Ahora, el fruto y los dones del Espíritu Santo deben ser manifestados:

Bondad — el Diccionario de la Lengua Española, de la Real Academia Española lo define como una inclinación natural a hacer el bien.

Paciencia — algo que pocos tenemos, no todos sabemos esperar, especialmente cuando ese favor proviene de Dios, muchos fracasos han venido porque no hemos sabido esperar, no hemos tenido la paciencia.

Perdón — Es una de las cosas más difíciles de asumir, pero no imposible. Muchas personas quieren ver la destrucción de aquel o aquella que hizo daño, quisiera que bajara fuego del cielo y los consumiera, vengarnos, aplastarlos… pero eso no es de Dios. He asumido como mío este versículo que quiero compartir con ustedes, es uno de mis preferidos y dirige mis pasos: “No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados”. (Lucas 6:37) ¿Por qué? “…porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir.” (Lucas 6:38 b) Esto implica que Dios no nos va a juzgar con una sola medida, si va a juzgar a diez mil millones de personas, pues tendrá diez mil millones de medidas, ¿cuál será esa medida? ¡La tuya!

Honestidad — se vincula con el decoro, la decencia, el pudor, la justicia, la honradez, la verdad y la sinceridad.

Cortesía — “Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles?” (Mateo 5:47) Siempre aplica la regla de oro: “Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas”. (Mateo 7:12)

Humildad — es no creernos mejor que los demás, es no enaltecer más de lo que en realidad se merece. Muchas veces tendemos a exagerar los elogios que son inmerecidos.

Generosidad — no implica solamente dar dinero, también se incluye ofrecer de tu tiempo, de tus habilidades, ser desprendido con los demás. La Iglesia se sostiene gracias a la generosidad de sus miembros.

Muchas personas se consideran íntegras, porque piensan que esa sola palabra es una sola cualidad, el simple hecho de ser honesto no implica que sea íntegro o íntegra; la integridad envuelve varias cualidades, como son: fidelidad, honestidad, lealtad, coherencia, rectitud, incorruptibilidad y capacidad. Las personas íntegras no se dejan influenciar por nadie, tienen la capacidad de decidir o de elegir sin recibir presiones de otros.

Echar nuestra ansiedad sobre él cuando estamos en dificultades

Volvemos al principio, ¿cuáles son las dificultades que nos asedian?

¿Una enfermedad que consume todos nuestros recursos por ser una enfermedad catastrófica?, los médicos ya no ofrecen esperanzas, pero hacemos todo lo posible y hasta lo imposible para que ese ser querido reciba la mejor atención, reciba mejor calidad en lo que le resta de vida.

¿Un hijo o una hija que no se está comportando a la altura en la que ha sido criado o criada habiendo recibido “todo” de nosotros? Para muchos hijos e hijas todo lo que hacemos como padres nunca es suficiente, en un mundo consumista como el que vivimos, se pide, se exige más, más y más. Otras veces muestran un comportamiento inadecuado: malas compañías que los inducen al alcohol, las drogas, el sexo; a otros no hay que inducirlos, ellos y ellas se han metido en problemas como las pandillas, o ha elegido una pareja que la maltrata y con temor en que termine en un feminicidio, otras que toman el camino de la prostitución masculina y femenina, el embarazo en adolescentes, la homosexualidad, y tantos problemas sociales, pero que la misma sociedad es incapaz de solucionar.

¿No tenemos trabajo? ¿Se acumulan las deudas? ¿No podemos suplir las necesidades de nuestra familia? ¿De dónde voy a obtener los alimentos necesarios? ¿De dónde voy a comprar los medicamentos si soy hipertenso, diabético o necesito una hemodiálisis?

El dolor de la vida, por la pérdida de un ser querido. Es algo inevitable, muchas veces devastador.

Hay más dificultades que podemos estar enfrentando, estos son unos pocos, pero todos tienen un común denominador: la desesperanza, la ansiedad, un padecimiento que cuando estamos pasando por él, sólo tenemos seguridad cuando el Señor nos sostiene, cuando nos perfecciona a través de determinados procesos para hacernos crecer para poder aconsejar a otros que están pasando por el mismo proceso, nos afirma en nuestras convicciones cristianas porque aumenta nuestra fe por medio de los testimonios que damos cuando Dios ha actuado en nuestro favor, nos fortalece para resistir todo los embates con confianza y nos establece como Hijos de Dios (1 Pedro 5:10).

Echemos toda nuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de nosotros.

Dios les bendiga. Dios les guarde.

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