SALUDOS CORDIALES:

En mi segunda entrega de Edifícate Conmigo, me gustaría volver a compartir una de esas grandes experiencias que he tenido con mi Señor Jesús.

Hace unos 2 años conseguí un puesto de trabajo en una empresa por la cual siempre había orado y sé que esa fue una oración contestada y doy gracias a Dios por ello. Dios es bueno, a raíz de esa experiencia quise gritar al mundo lo bueno que Dios era conmigo y dar testimonio de lo que Dios había hecho conmigo, aquí en Europa la fe es algo muy personal y para muchos es muy difícil oírnos hablar del amor de Dios, incluso se nos cataloga como individuos muy penetrantes.

Al final hice un calendario y un póster bien grande donde le daba gracias a Dios y escribí el salmo 33, 4-5:

“Porque recta es la palabra de Jehová y toda su obra es hecha con fidelidad. El ama justicia y juicio; De la misericordia de Jehová está llena la tierra.”

Regalé un calendario a mis vecinos, colegas, amigos, célula de oración, en fin a todo el que pude, para dar testimonio y agradecer a Dios por haber cumplido su palabra. Pero una vecina y abuelita, que de hecho le digo abuelita y la quiero mucho y además es cristiana, me dijo: Shalom y ¿por qué si Dios contesta todas tu oraciones, no salvo tu matrimonio? ¿O es que no oraste por eso? Eso fue para mí como remover una herida profunda.

Lo que me llevó a preguntarme ¿Por qué Dios no había contestado esa oración? y realmente ¿no había contestado Dios mi oración? Sí, ¡claro que la había contestado! En Isaías 50,2 dice: “¿Por qué cuando vine, no hallé a nadie, y cuando llamé, nadie respondió? ¿Acaso se ha acortado mi mano para no redimir? ¿No hay en mí poder para librar?”

Nuestro Padre Celestial tiene el poder para redimir y restaurar, pero también en su infinito amor es un caballero para respetar el libre albedrío que nos ha dado. Debo testificar que mientras me mantenía en oración Dios me daba de su amor ágape, de su amor incondicional, que es el que estamos llamados a practicar. Pero en el momento en que esa postura cambió, Dios me dio la libertad para tomar la decisión que tomé, pero a diferencia de mi vecina y muchos otros que optaron por juzgarme durante el período de mi separación Dios me sustentó, me llevó de su mano y me lleva de su mano. Él conocía mi situación, Él más que nadie conocía mi proceso.

Para Dios el matrimonio es algo sagrado y sufre cuando nuestras relaciones se rompen, porque Él sabe cuales son las consecuencias de una ruptura. Lo vemos en la familia de David, lo que trajo a su vida haber tenido tantas parejas, los hijos sufren y las familias disfuncionales son el deterioro de nuestra sociedad. Personalmente sé que para un cristiano un divorcio es muy frustrante, claro no sólo para un cristiano, para todo ser humano. Pero Dios es un Dios de amor que no nos enrostra nuestros fracasos para hundirnos más, no, todo lo contrario Él nos saca del abismo más profundo y hasta nos enseña a perdonarnos cuando nos arrepentimos y nos damos cuenta que hemos fallado.

Yo sé que Dios contestó mi oración, porque a pesar de mi divorcio tengo una buena relación en el amor de Cristo, con mi exmarido, ambos aprendimos a perdonar nuestros errores y a respetarnos. Pero si estás luchando por tu matrimonio no te rindas, porque para Dios no hay nada imposible Él es un Dios que restaura!

Dios te bendiga!