Mi esposa me mostró una noticia que circuló en las redes sociales, a un hermano en la fe que estaba predicando con un megáfono en Villa Faro, Santo Domingo Este, le llamaron al Sistema Nacional de Atención a Emergencias y Seguridad 911.

En países desarrollados, como Estados Unidos y Europa estuvieran alarmados, no por la llamada, sino por el sistema utilizado por el hermano para predicar el Evangelio. Recuerdo que en Puerto Rico nuestra Iglesia en la Urbanización Los Ángeles en Carolina tenía paneles anti-ruido, porque no se podía molestar al vecino; usted no puede entregar literatura cristiana en un autobús, porque eso es acoso; tampoco puede dejar una invitación a un culto en un buzón de correos porque es federal y está penalizado.

Todo esto, poco a poco lo veremos en nuestro país, la República Dominicana, porque es parte de una agenda internacional. Como pronto veremos la aprobación del aborto, las uniones civiles para parejas del mismo sexo. Me enteré en el periódico del 29 de enero de este año 2015 que Chile aprobó estas uniones, pero lo más deprimente fue leer que el portavoz del gobierno de Michelle Bachelet, Álvaro Elizalde dijera: que es “un avance significativo del cual nos sentimos orgullosos como gobierno”.

Hay muchas formas de predicar el Evangelio, a nuestras familias, amigos y compañeros de trabajo, nuestro estilo de vida debe impactar sus vidas, nuestro comportamiento debe llevar el mensaje de que somos cristianos y estamos en la tierra para ser canal de bendición.

Vamos a buscar en nuestras Biblias a Mateo 5:13-16

La sal de la tierra
13 Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres.

La luz del mundo
14 Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.
15 Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa.
16 Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

Dios es la fuente de toda bendición

La forma en que el Señor nos dice que somos canales de bendición es comparándonos con la sal y con la luz. Todo lo bueno, toda bendición proviene de Dios. Dios nos bendice para nosotros bendecir a otras personas, esas son nuestras “buenas obras” y a través de ellas podemos glorificar a nuestro Padre que está en los cielos.

¿Qué está usted haciendo para impactar en la vida de los demás? ¿En qué forma podemos dar sabor a la vida de nuestros familiares, amigos y compañeros de trabajo? O ¿Cómo podemos sacar de las tinieblas a la luz a todos aquellos que no conocen del amor de Dios? De la única manera es si nosotros permanecemos unidos en Cristo, el apóstol Juan escribe:
Juan 15:4
4 Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
1 Juan 2:6
6 El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.
Para nosotros ser canales de bendición lo primero que debemos hacer es permanecer en Cristo y andar como el anduvo aquí en la Tierra. Jesús nos dio sobrados ejemplos de cómo hacerlo.

Jesús nos llama la sal de la tierra.

Por qué? La sal tiene muchas propiedades, en la actualidad la utilizamos para dar sabor a las comidas, pero en la antigüedad la sal era utilizada para conservar las carnes, se secaba la carne y se ponía en barriles llenos de sal, así podía conservarse por meses y evitar la acción de la bacteria de la putrefacción.

Somos sal para evitar que la sociedad siga pudriéndose, como va. Hace unos treinta años vi en televisión una de las cruzadas del Evangelista Billy Graham y recuerdo perfectamente cuando dijo: “Si Dios no castiga a Estados Unidos de América, tendrá que disculparse ante Sodoma y Gomorra”. En la introducción del sermón vimos un poco cómo va el mundo.

Siempre pensé que cuando el Señor se refería a los postreros tiempos, en los cuales las personas tendrían comezón de escuchar la Palabra de Dios, se refería al espacio entre el rapto de la Iglesia y el segundo retorno de Cristo a la tierra. Lo estamos viendo en nuestros días, la República Dominicana ha gozado de libertad religiosa, al llamar al 911 se van aplicando restricciones, y cuando todo esté de mal en peor, habrá comezón de oír la Palabra, la sana doctrina y por llamar al 911 (hipotético) se entregarán a doctrina de hombres, a sectas que en vez de buscar a Dios, odian a Dios y aman el dinero.

La sal produce sed, la sed de buscar la verdad transformadora del Evangelio. Mientras más entramos en las profundas verdades de la Biblia, conocemos a Dios y queremos más de su presencia, más de su gloria, más de su amor inagotable.

Ahora, podemos perder efectividad, ¿En qué forma un cristiano pierde su efectividad? Cuando el pecado entra a nuestras vidas, cuando vemos a un mundo en agonía y no abrimos la boca para hablar de la bondad y la misericordia de Dios, cuando toleramos el pecado (recordemos la historia de Elí y sus hijos en 1 Samuel 2:12-17), cuando actuamos sin consideración alguna, sin misericordia, falta de humildad, y muchas veces olvidamos que “…con la misma medida con que medís, os volverán a medir” (Lucas 6:38).

Jesús nos llama la luz del mundo.

Dios quiere que todo ser humano proceda al arrepentimiento para que sea salvo, que el sacrificio de Cristo en la cruz del Calvario sirva para reconciliar a Dios con el hombre.
1 Timoteo 2:4
4 el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.

Somos luz porque Dios nos llama a señalar el camino a aquellos que van sin rumbo y sin esperanzas, en todo cristiano debe operar el ministerio de la reconciliación, y es una forma de bendecir porque habrás salvado un alma.

Pero así como la sal pierde su efectividad, también la luz puede debilitarse, ¿En qué forma nuestra luz no alumbra? Cuando vivimos en la Iglesia de una manera y en la casa de otra, maltratamos al esposo o a la esposa, a los hijos e hijas, y los que ven esta actitud nos dicen: ¡Hipócrita!

Cuando no presentamos nuestros cuerpos en santidad delante del Señor, cuando no somos obedientes a la voluntad de Dios, cuando solo actuamos por emoción y no renovamos nuestro entendimiento, cuando la santidad y la humildad son externas, para esas personas ser santo es vivir con la cara amargada, vestir con andrajos… Jesús nunca anduvo así, o sino los soldados romanos no hubiesen echado suertes sobre sus vestiduras para saber a quién le iba a tocar, nos creemos poseedores de la verdad absoluta de Dios… y no es así, colocando a hermanos yugo que el Señor no ha mandado y con un fariseísmo hipócrita no reconocemos lo pecadores que somos. Dentro de los deberes cristianos que nos dice el apóstol Pablo:
Romanos 12:1-2

Deberes cristianos
1 Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.
2 No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

EN CONCLUSIÓN:

Como cristiano, ¿qué impacto estas teniendo en tu familia, tus amigos o tus compañeros de trabajo?, ¿Podríamos considerarnos como sal donde el pecado ha puesto amargura?, ¿Cómo podemos sacar de las tinieblas a la luz a todos aquellos que no conocen del amor de Dios?, ¿Nos comportamos como verdaderos hijos de Dios, donde la mundanalidad y el pecado no tienen cabida?

Debemos ser canal de bendición en un mundo que sufre, agoniza y clama para que alguien haga algo… y esa tarea nos corresponde a los que hemos sido limpiados por la sangre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Dios te bendiga. Dios te guarde.