Cuántas veces muchos de nosotros hemos optado por complacer a otros, incluso a nuestros seres queridos aun sabiendo que no es lo que deseamos.

El pensar en complacer a los demás obviando lo que realmente está en nuestro corazón conlleva entregar nuestra conciencia a la duda, de si estamos decidiendo lo correcto o no, puesto que nunca sabremos qué hubiese pasado de hacer lo que realmente estaba en nuestro corazón. Una conciencia tranquila no se obtiene solo dejando de hacer lo que comúnmente conocemos como pecado o que esté mal, también el abandono a nuestros sueños, las decisiones tomadas pensado en los demás, incluso la omisión a lo que queremos, acarrea una conciencia intranquila.

El mayor regalo que le podemos hacer a la paz de nuestro interior es hacernos sentir bien con nosotros mismos, la satisfacción de que, si no conseguiste algo no fue porque no hiciste lo necesario para ello.

Cada paso que damos, cada palabra que decimos, cada cosa que decidimos escuchar es parte de nuestra decisión y puede ser fundamental en nuestra paz y tranquilidad, cuida tus decisiones porque por más simple que veas una puede cambiar el rumbo y destino de tu vida para siempre, tanto para bien como para mal, nunca decidas por lo que otro quiera o considere que debes decidir, porque al final del camino quien cargará con el resultado de tu decisión, ¡serás tú! Escudriña, busca a Dios y sé sabio, la sabiduría no se apresura, nunca habla de más, siempre observa, y al final la decisión de un sabio nunca dejará la intranquilidad en su conciencia, sino la satisfacción de haber hecho lo correcto. ¡COMPÁRTELO!