“Porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios.”
2 Corintios 1:20

Las promesas de Dios son eternas y la biblia nos señales miles de promesas que Dios tiene para los que le aman y obedecen.
En esta ocasión quiero referirme a las promesas particulares, esas que no son mas que aquellas que Dios tiene para cada quien en específico según sea su llamado y/o necesidad.

Analizaremos las actitudes de dos personajes bíblicos que nos muestran claramente como debemos y como NO debemos proceder cuando de esperar ver una promesa materializarse se trata.

Iniciemos con Sarah…

Sarah durante mucho tiempo espero ver cumplirse la promesa de parte de Dios de tener descendencia junto a su esposo Abraham, Dios hasta le dijo a Abraham que serían más que las arenas del mar.

Genesis 15:1-6
“Después de estas cosas vino la palabra de Jehová a Abram en visión, diciendo: no temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande. Y respondió Abram: Señor Jehová, qué me darás, siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es ese damasceno Eliezer? Dijo también Abram: Mira que no me has dado prole, he aquí que será mi heredero un esclavo nacido en mi casa. Luego vino a él palabra de Jehová, diciendo: No te heredará éste, sino un hijo tuyo será el que te heredará. Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será ti descendencia. Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia.”

En el tiempo de espera para que la promesa se cumpliera, Sarah se apoyó en su propia prudencia y decidió ayudar a Dios, quien es omnipotente y dicho sea de paso, no necesita nuestra ayuda.
Gracioso, no?

Genesis 16:1-2
“Sarai mujer de Abram no le daba hijos; y ella tenía una sierva egipcia, que se llamaba Agar.
Dijo entonces Sarai a Abram: Ya ves que Jehová me ha hecho estéril; te ruego, pues, que te llegues a mi sierva; quizá tendré hijos de ella. Y atendió Abram al ruego de sarai.”

Al Sarah no practicar la paciencia, provocó con todo esto un sin fin de consecuencias que aún en nuestros días las estamos padeciendo.

Cuantas veces Dios nos ha prometido algo y nosotros en nuestra desesperación y humanidad, hacemos uso de nuestros propios medios para ver la promesa cumplirse, tal como Sarah, para luego darnos cuenta que nuestros tiempos no son sus tiempos y que al desesperarnos lo único que logramos es complicarlo todo.

Puedes imaginarte por un minuto que tan desesperada estaba Sarah que fue capaz de pedirle a su esposo Abraham convivir con otra mujer!

Hasta donde somos capaces de llegar en nuestra desesperación y anhelo por ver las promesas de Dios cumplirse en nuestras vidas.

Dios es soberano y su tiempo es perfecto y solo Él sabe cuando estamos completamente preparados para recibir sus promesas.

No actuemos como Sarah pues lo único que obtendremos como resultado es celo, frustración, enojo y mucha tristeza.

Aunque luego veamos la promesa de Dios en su tiempo, las consecuencias de nuestra “pequeña ayuda” nos acompañaran el resto de nuestras vidas y podrían marcar nuestra descendencia para siempre.

Por otro lado tenemos a José, si! ese joven con el cual Dios trataba al cual le mostraba en sueños acontecimientos importantes incluyendo promesas para su vida.

Aunque José no se desespero para ver las promesas de Dios cumplirse en su vida, hay algo que quiero le prestemos atención.

Si Dios promete y/o te muestra algo para tu vida, ten cuidado con quien lo compartes.
José se descuido en ese aspecto y compartió con sus hermanos revelaciones de Dios que eran solo para su consumo personal y al compartirlas con ellos, provocó sin así proponérselo, celo y envidia por parte de sus hermanos.

Genesis 37:5-11
“Y soñó José un sueño, y lo contó a sus hermanos; y ellos llegaron a aborrecerle más todavía.
Y él les dijo: Oíd ahora este sueño que he soñado: He aquí que atábamos manojos en medio del campo, y he aquí que mi manojo se levantaba y estaba derecho, y que vuestros manojos estaban alrededor y se inclinaban al mío.Le respondieron sus hermanos: ¿Reinarás tú sobre nosotros, o señorearás sobre nosotros? Y le aborrecieron aun más a causa de sus sueños y sus palabras. Soñó aun otro sueño, y lo contó a sus hermanos, diciendo: He aquí que he soñado otro sueño, y he aquí que el sol y la luna y once estrellas se inclinaban a mí. Y lo contó a su padre y a sus hermanos; y su padre le reprendió, y le dijo: ¿Qué sueño es este que soñaste? ¿Acaso vendremos yo y tu madre y tus hermanos a postrarnos en tierra ante ti? Y sus hermanos le tenían envidia, a mas su padre meditaba en esto.”

Así que, antes de comentar lo que Dios trata en intimidad contigo, ora y pregúntale a Dios si es su voluntad que lo divulgues.

Independiente a ello, admiremos la paciencia de José que es digna de ser imitada.

El a pesar de todas las vicisitudes, a pesar de haber sido vendido por sus hermanos como esclavo y llegar a tierras lejanas, no se desespero y confío ciegamente en Dios y no busco ayudarlo para que sus promesas se cumplieran en él.

José se mantuvo firme y aun cuando la mujer de Potifar lo hostigaba constantemente, José entendió que esa no era la vía, no era el camino que Dios utilizaría para que su promesa de ponerlo en prominencia se cumpliera.
El prefirió salir corriendo y refugiarse en su hacedor, en Jehová de los Ejércitos.

Genesis 39: 7-12

“Aconteció después de esto, que la mujer de su amo puso sus ojos en José, y dijo: Duerme conmigo. Y él no quiso, y dijo a la mujer de su amo: He aquí que mi señor no se preocupa conmigo de lo que hay en casa, y ha puesto en mi mano todo lo que tiene. No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha reservado sino a ti, por cuanto tú eres su mujer; ¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios? Hablando ella a José cada día, y no escuchándola él para acostarse al lado de ella, para estar con ella, aconteció que entró él un día en casa para hacer su oficio, y no había nadie de los de casa allí. Y ella lo asió por su ropa, diciendo: Duerme conmigo. Entonces él dejó su ropa en las manos de ella, y huyó y salió.”

Por su fidelidad y paciencia para con Dios, por su obediencia ciega a nuestro Padre Celestial, José obtuvo su promesa sin consecuencias para lamentar.

Es mi más profundo anhelo que todos entendamos que Dios no necesita nuestra ayuda, Él solo nos pide obediencia. Pidamos cada día en oración que el fruto del Espíritu Santo sea manifestado en nuestras vidas y este incluye la paciencia. Aprendamos a esperar el tiempo de Dios.

Por su gracia aun podemos ser moldeados por Él y para Él.

Dios les bendiga y guarde!

Cristina Ramlochan

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