A los hombres postdiluvianos parece que poco a poco se les fue olvidando las razones del castigo, con la muerte de Noé y la dispersión de sus hijos ya para los tiempos de Abraham se había perdido toda búsqueda del Señor.

Pero en Su plan ya estaba ahí un hombre, escogido por Él, Abram, alguien que le seguiría sin importar las consecuencias, decidido a pagar el precio, y es por eso que salió de Ur de los Caldeos a un lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba (Hebreos 11:8), era un hombre rico por la cantidad de bienes que había ganado y las personas que había adquirido (Génesis 12:5), era riquísimo en ganado, plata y en oro (Génesis 13:2)…

Abraham buscaba al Señor Todopoderoso, y cada vez que tenía un encuentro con Él, edificaba un altar o cavaba un pozo, teniendo sirvientes lo hacía con sus propias manos, eso era tan normal para él que si observamos la actitud de Isaac cuando subió a la región de Moriah, al monte donde Dios le iba a mostrar para hacer el sacrificio, su padre dejó los siervos abajo y subió solamente con el niño, y la pregunta inocente: ¿dónde está el cordero para el holocausto? A lo que contestó Abraham: “Dios se proveerá…” Indica que Isaac estaba familiarizado con el sistema ritual.

Abraham inició la época de los patriarcas, Dios hizo pacto con él y recibió las promesas, era un hombre dispuesto a pagar el precio.

Muy distinto a la segunda generación, Isaac. Les invito a leer Génesis 26:17-25

17  E Isaac se fue de allí, y acampó en el valle de Gerar, y hábitó allí.
18  Y volvió a abrir Isaac los pozos de agua Que habían abierto en los días de Abraham su padre, Y que los filisteos habían cegado después de la muerte de Abraham; y los llamó Por los nombres que su padre los había llamado.
19  Pero cuando los siervos de Isaac cavaron en el valle, y hallaron allí un pozo de aguas vivas,
20  los pastores de Gerar riñeron con los pastores de Isaac, diciendo: El agua es nuestra. Por eso llamó el nombre del pozo Esek, porque habían altercado con él.
21  Y abrieron otro pozo, y también riñeron sobre él; y llamo su nombre Sitna. [ b ]
22  Y se apartó de allí, y abrió otro pozo, y no riñeron sobre él; y llamó su nombre Rehobot, y dijo: Porque ahora Jehová nos ha prosperado, y fructificaremos en la tierra.
23  Y de allí subió a Beerseba.
24  Y se le apareció Jehová aquella noche, y le dijo: Yo soy el Dios de Abraham tu padre; no temas, porque yo estoy contigo, y yo bendeciré, y multiplicaré tu descendencia por amor de Abraham mi siervo.
25  Y edificó allí un altar, e invocó el nombre de Jehová, y plantó allí su tienda; y abrieron allí los siervos de Isaac un pozo.

Isaac simplemente heredó, estaba contento con los abundantes beneficios, se sentía feliz por haber tenido un padre como Abraham, que había pagado el precio. Pero él no había tenido un encuentro poderoso con Dios, simplemente había heredado su fortuna.

En los versículos 24 y 25 noten que Jehová se le apareció y ratificó las promesas, pero no por el esfuerzo de Isaac, sino “por amor de Abraham mi siervo”, así como estaba familiarizado con el sistema ritual, en lugar de cavar él el pozo, mandó a sus siervos.

Es como los hermanos y hermanas que quieren que el pastor ore por ellos, pero no quieren pagar el precio, no se humillan delante del Señor. Pero detrás de todo esto hay una moraleja: Si usted no va directo hasta el trono de la gracia a hacer sus peticiones, a recibir de las bondades de Dios tendrá, como los siervos de Isaac: luchas, contiendas, más problemas y más situaciones difíciles, porque quiere que “otros” resuelvan con el Señor lo que a usted le corresponde hacer.

Por eso en Casa de Júbilo y Salvación Hashem, cada quien debe hacer su parte, cada quien debe cavar su pozo y edificar su altar y veremos llegar las bendiciones de Dios, ese milagro que tanto estas esperando, ese trabajo, esa petición que tienes delante de Él, ¡todo!, ¡absolutamente todo lo puedes lograr! Solo debes disponerte a pagar el precio… Usted puede vivir una vida victoriosa en Cristo.

En la tercera generación ahí si que había poco, por no decir nada… y nos referimos a Jacob, cuyo nombre quiere decir, usurpador, engañador. En la primera generación, Abraham, todo lo que consiguió se lo dio Dios, Isaac obtuvo la herencia, vivió del esfuerzo de otros, aunque al final, aprendió; pero Jacob todo lo obtuvo a través del engaño: aprovechó un momento para comprar la primogenitura de su hermano Esaú, le robó la bendición, con la ayuda de Rebeca, su madre, pero tuvo que huir bajo amenaza de muerte.

Mediante engaño Jacob se convirtió en heredero, pero desconocía todas las cosas de su padre y de su abuelo, era un hombre engañador, astuto, su vida transcurrió entre problemas y conflictos con su suegro Laván, para quien trabajó durante catorce años por el amor de Raquel, pero como todo en la vida todo tiene un desenlace, y tenía que rendir cuentas… a su hermano Esaú.

En Génesis 32:1-21 Jacob prepara los presentes y seleccionó de sus riquezas lo que le pareció más apropiado como presente a su hermano Esaú, en un intento por conquistar su favor, trató de arreglarlo todo con bienes materiales, pero en ningún momento acudió a Dios. Pero con todo y eso temió, porque Esaú se acercaba con una gran fuerza, cuatrocientos hombres.

Esa noche se levantó, tomó sus dos mujeres, sus dos siervas y sus once hijos y los despidió, quedándose solo. Esa noche, luchó con él un varón (vv. 22-32), que al no poder con Jacob le tocó en el encaje del muslo, y se descoyuntó, pero aún así Jacob siguió luchando y le decía al varón: No te dejaré, si no me bendices. Y el varón preguntó su nombre, su nombre es Engañador [Jacob]… y le dijo no se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido. Un encuentro poderoso con Dios, salió de Peniel cojeando de su cadera, Dios tuvo que darle duro para que lo reconociera, pero su corazón cambió y sale al encuentro de su hermano Esaú; en Génesis 33:4 dice: Pero Esaú corrió a su hermano y le abrazó, y se echó sobre su cuello, y le besó, y lloraron.

El Señor hizo el cambio, un encuentro con Él borró veinte años de angustia, enemistad y odio, lo que Israel pensó en la carne que era su fin, en Dios fue su principio y eso lo marcó un poderoso encuentro con Dios. ¿Te gustaría tenerlo? Marcará en tu vida un antes y un después, ¿Con cuál de los tres te identificas en tu situación familiar, personal, laboral, sentimental o para con Dios?

Jacob llegó sano y salvo a la ciudad de Siquem, que está en la tierra de Canaán, y frente a la ciudad compró una parte del campo por cien monedas y erigió un altar y lo llamó El-Elohe-Israel.

En Juan 4: 5, 6 “Vino, pues [Jesús], a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José. Y estaba allí el pozo de Jacob…”

Al final Jacob edificó el altar y cavó el pozo, como lo hizo su abuelo Abraham… y Jesús bebió de esa agua.

¿Te gustaría tener un encuentro poderoso con Dios? Búscalo en espíritu y de verdad, a través de la oración, el ayuno y el estudio de la Palabra. Busca estar a solas con Él, que toque tu corazón y no dependas más de tu astucia, de tu carne o de tus sentimientos, depende únicamente de Dios.

Dios te bendiga. Dios te guarde.