Honramos a Dios cuando mostramos agradecimiento por lo que ha hecho, por lo que hace y por lo que hará. El recordar lo que Dios ha hecho fortalece nuestra fe. Agradecer Sus bendiciones en el Antiguo Testamento implicaba presentar “ofrenda en el sacrificio de acción de gracias de paz” (Levítico 7:13) Este sacrificio no exigía derramamiento de sangre, sino tortas sin levadura amasadas con aceite, y hojaldres sin levadura untadas con aceite, y flor de harina frita en tortas amasadas con aceite; estas ofrendas eran para los sacerdotes, pero si el sacrificio de paz de acción de gracias era un animal, debía ser consumido el mismo día (Levítico 22:29-30); pero si era voto (juramento, pacto o promesa), podía consumirse al día siguiente, pero nunca debía pasar de tres (3) días, en ambos casos la carne del sacrificio era para el sacerdote.

(Levítico 7:14-20) Si algo quedaba debía ser quemado hasta consumirse. Lo que se sacrificare sea becerro o el cordero o la cabra (Lv. 22:27) o sea vaca u oveja (v. 28) llevaba determinadas reglas, no podía estar amamantando, no podía degollarse a la madre y a su hijo en el mismo día. En nuestros tiempos, ¿Cómo expresamos nuestra gratitud a Dios? Muchas veces hacemos promesas a Dios y nos olvidamos de ellas, porque consideramos que eso que hemos prometido es “demasiado” para Dios, porque Dios no lo necesita, y es cierto, Dios no necesita nada de nosotros, solo nuestra obediencia y disposición de corazón, porque con eso le honramos y al mismo tiempo Él actuará en favor de nosotros, por lo tanto, somos beneficiarios de nuestra propia expresión de gratitud. La alabanza y la expresión de gratitud a Dios van de la mano para entrar en su presencia, el Salmo 100:4 dice: “Entrad por sus puertas con acción de gracias, Por sus atrios con alabanzas, bendecid su nombre.” Dios quiere que le adoremos con cánticos, con alegría y con acción de gracias, el título hebreo del Libro de los Salmos es “Tehillim” que significa literalmente Libro de Alabanzas (era un himnario); también el profeta Nehemias en el 11:17a) nos hace una referencia sobre Asaf: “y Matanías hijo de Micaía, hijo de Zabdi, hijo de Asaf, el principal, el que empezaba las alabanzas y acción de gracias al tiempo de la oración;…” En nuestras oraciones nos hemos limitado a pedir y recibir, nos hemos centrado en nuestros propios intereses, problemas o situaciones, nuestros pensamientos van de acuerdo a nuestras necesidades.

¿Cómo podemos entrar en la presencia de Dios, si el Señor no nos concede lo que pedimos y hemos considerado que hemos perdido el tiempo y que puedo lograrlo por mi propio esfuerzo? En esas condiciones, ¿usted adoraría al Señor con cánticos, con alegría y con acción de gracias? Recuerde que desde el púlpito el Pastor puede ver sus caras, que es un reflejo de su interior, de su corazón, de su vida; “cartas leídas” – como dice el apóstol Pablo. En el Nuevo Testamento los motivos de agradecer a Dios son más frecuentes, desde Romanos hasta Tito se evidencia más la gratitud a Dios, que es expresada por la labor de nuestro Señor Jesucristo, que gracias a él estamos en la dispensación de la gracia, nos limpió de nuestros pecados y restableció la comunión entre Dios y los hombres (seres humanos) perdida por la desobediencia de un hombre, Adam y restablecida por otro, Jesucristo, (100% hombre, 100% Dios), a través de la sangre derramada en el Calvario. Si observamos las Sagradas Escrituras vamos a notar algo, después de tantos milagros y maravillas realizadas por Jesús, sólo un caso nos llama la atención, donde expresamente dio gracias, los diez leprosos limpiados (Lucas 17:11-19).

Los nueve leprosos ingratos, tal vez consideraban que merecían ser sanados por ser judíos, pueblo escogido; esa misma condición pudo impedirles en convertirse en discípulos de Cristo; son una clara representación de la nación, indiferentes ante la obra redentora de Jesús, el Mesías. Sin embargo, por su muestra de gratitud, no solamente fue sanado de la lepra, recibió más: la salvación (v. 19), los otros nueve solamente recibieron sanidad del cuerpo. ¿Estamos en la situación de los nueve ingratos, que creemos que lo merecemos todo y no damos gracias a Dios? ¿A cuántas personas usted ha testificado de las grandes cosas que Dios ha hecho con usted, en su vida? Contarle a los demás las bendiciones que hemos recibido de Dios fortalece nuestra fe. Podemos beneficiar y ser beneficiados.

¿Por qué honramos a Dios al dar gracias? Porque reconocemos a aquel que es digno de recibir toda la gloria y toda la honra, porque Él es el Creador. Ese reconocimiento no solo es por nosotros los que estamos en la Tierra, sino por los que están en el cielo, en Apocalipsis 4:9, 10 el apóstol Juan nos dice: “Y siempre que aquellos seres vivientes dan gloria y honra y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono…” El diccionario bíblico dice que los veinticuatro ancianos son los representantes celestiales de todos los redimidos, glorificados y entronizados, que adoran continuamente a Dios. Sus coronas sugieren victoria y gozo, no autoridad política.

Es nuestra gran esperanza, que junto a esos seres vivientes de seis alas, también podremos adorar a Dios, darle gloria y honra y acción de gracias… todos los creyentes, redimidos por la sangre de Cristo, lo verán. El Señor no nos ha abandonado, al Señor sí le importa nuestras necesidades, cada petición debe pasar por un cedazo y esa es la voluntad perfecta de Dios. El apóstol Santiago (4:3), dice: “Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.” A la Palabra de Dios no podemos quitarle ni añadirle nada, pero pienso: Él nos da lo que es mejor para mí, aunque su suprema decisión me cause decepción o dificultad en el momento, pero de todas las opciones Dios escogerá para mí, la mejor. En este año que recién inicia sea agradecido de Dios, no permita que el desánimo, la decepción o la negatividad lo hagan sentirse abrumado, le robe el gozo de su salvación, piense en las cosas que Dios ha hecho, las que hace y las que hará para usted y así honraremos a Dios con nuestro corazón lleno de agradecimiento. Recuerde, en la Palabra de Dios ser agradecido es un mandato para que el Señor nos lleve de gloria en gloria y de triunfo en triunfo.

Dios les bendiga, Dios les guarde.