Hoy es el último culto dominical del año 2014, siempre pasamos balance de lo que nos ha sucedido en este período, recordamos todo lo bueno, pero recordamos también todo lo malo. Las Sagradas Escrituras nos dice que en cualquier situación debemos tener contentamiento, el apóstol Pablo le escribe a Timoteo las siguientes palabras:

1 Timoteo 6:3-10
3 Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad,
4 está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas,
5 disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales.
6 Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento;
7 porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar.
8 Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto.
9 Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición;
10 porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.

El contentamiento viene cuando nosotros como creyentes, depositamos nuestra confianza en Dios, sabiendo que el Señor suple todas nuestras necesidades porque Él es el dueño de todo y se ocupará de nosotros, porque tenemos un Dios generoso.

El apóstol Pablo nos da una lista (1 Timoteo 6: 4, 5) de todo aquello a lo que nos exponemos por la carencia del contentamiento, este gozo nos puede traer gran ganancia en el reino de los cielos, luego nos explica que Dios nos da lo suficiente para que estemos contentos, el exceso de bienes nos puede llevar a la perdición porque nuestro corazón estará en aquello a lo cual nos aferramos: posesiones, dinero, prestigio, entretenimiento. No es malo tener una buena casa, un vehículo que nos transporte, siempre y cuando que esos bienes no nos hagan extraviar de la fe.

Este contentamiento el Señor lo compara con la actitud de los niños, ellos son el vivo ejemplo de confianza, generosidad y sencillez de corazón que exige el reino de Dios.

Mateo 18:1-4
1  En aquel tiempo los discípulos vinieron a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?
2 Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos,
3 y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.
4 Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos.

Recuerdo cuando era niño, me gustaba subir a la mesa del comedor, cuando veía a mi padre le gritaba: ¡Papi! Y me lanzaba con la confianza de que me iba a atrapar, de que no me iba a dejar caer; también lo hacía desde el ventanal de la sala, como no podía girar y ponerme de frente, gritaba: ¡Papiiii! Y me lanzaba de espaldas, nunca calculé la distancia en la que él se encontraba de mí, ¡pero igual me lanzaba! Una vez tuvo que correr bastante, y deslizarse como un pelotero profesional para atraparme, a duras penas pudo lograrlo, solamente exclamó: ¡Este muchacho del “infierno” – esa NO fue la palabra que utilizó – me va a matar de un ataque al corazón! Sabía con toda certeza que podía confiar en él, que nunca me dejaría caer.

En muchas ocasiones los niños se muestran egoístas, especialmente sobre aquello que han desarrollado sentido de pertenencia: padres, juguetes, familiares… pero también han desarrollado la capacidad de olvidar rápidamente, los puedes corregir y su amor no se afecta por la corrección – aunque te digan: ¡No me hables!

Esa sencillez de corazón se muestra también en la generosidad. Jesús alimentó a cinco mil hombres (sin contar las mujeres y los niños), gracias a la generosidad de un muchacho que dio sus panes y sus peces y su actitud generó un milagro.

Juan 6:5-13
5 Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él gran multitud, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos?
6 Pero esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer.
7 Felipe le respondió: Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco.
8 Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo:
9 Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos?
10 Entonces Jesús dijo: Haced recostar la gente. Y había mucha hierba en aquel lugar; y se recostaron como en número de cinco mil varones.
11 Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados; asimismo de los peces, cuanto querían.
12 Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada.
13 Recogieron, pues, y llenaron doce cestas de pedazos, que de los cinco panes de cebada sobraron a los que habían comido.

En Dios siempre tendremos suficiente, por fe siempre esperamos sus abundantes bendiciones, aún en escasez no podemos perder el contentamiento, el asegurarnos más en su Palabra nos reduce las tensiones y sus profundas verdades nos llevan a una vida en abundancia en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Cuando leemos pasajes que nos dicen: “¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará un piedra? ¿O si pide un pescado, le dará una serpiente?” Reconocemos que aún con todos nuestros errores, todos anhelamos darles cosas buenas a nuestros hijos, ¿puede imaginar cuánto más está el Padre Celestial dispuesto a darle a usted?

Esa misma confianza es la que debemos tener con nuestro Dios, puedo testificarlo con mi propia vida:
Cuando volví a la Universidad para estudiar la carrera de Educación, le prometí al Señor que nunca iba a permitir que una asignatura me impidiera asistir a la iglesia, tenía culto todos los días, excepto el lunes, y se lo dedicaba al Instituto Bíblico. A mediados de los años 80 tengo que cursar una asignatura que tenía solamente dos secciones, una empezaba a las 4:00 P.M. y concluía a las 7:00 P.M. los miércoles, la otra era en la noche, se impartía martes y jueves; pero tenía el inconveniente de que mi trabajo como maestro era en una escuela cristiana, concluía a las 5:30 P.M. Pedí permiso para ausentarme más temprano los miércoles durante ese cuatrimestre, no quería perder la célula de oración del martes y el culto del jueves. El permiso me fue negado. Entonces renuncié a la escuela.
Antes de dos semanas me llamaron de otra escuela, me pagaban el doble y con menos tiempo de trabajo. ¡Dios premió mi fidelidad!, ¡Aleluya!

No sé cuál es tu situación en este momento, pero ¡confía!, ¡confía en Dios!, ¡Confía en su abundancia!, ¡Confía en su generosidad!, ¡Confía en su bondad! Estemos contentos con esto.

Dios les bendiga, Dios les guarde.