Generalmente cuando saludamos a un hermano muchas veces nos dice: ¡Estamos en victoria!
La palabra victoria nos dice que al hermano le está yendo bien, que ha triunfado o que ha librado una batalla y ha ganado; esto no es extraño porque ser cristiano es un desafío diario, espiritualmente estamos siempre en el campo de batalla.

El apóstol Pablo le dice a la Iglesia en Efeso:
“no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra gobernadores de las tinieblas de este siglo (mundo), contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”. Efesios 6:12

Ahora bien, la Biblia tiene muchos ejemplos de batallas, tanto físicas como espirituales, hoy veremos una batalla física y hagamos de ella aplicaciones espirituales, el mensaje de esta mañana tiene por título: “¿Cuál es tu batalla personal?”.

Abramos nuestra Biblia en el libro de: Éxodo 17:8-16

En primer lugar tenemos que ver: ¿Quién es este Amalec?
Los amalecitas eran descendientes de Esaú, hermano de Jacob, hijos de Isaac, procedían de un mismo padre, pero los amalecitas eran astutos y vivían atacando a Israel durante su peregrinaje en el desierto hasta la Tierra Prometida, en

Deuteronomio 25:17-18 dice: “Acuérdate de lo que hizo Amalec contigo en el camino, cuando salías de Egipto; de cómo te salió al encuentro en el camino, y te desbarató la retaguardia de todos los débiles que iban detrás de ti, cuando tú estabas cansado y trabajado; y no tuvo ningún temor de Dios.”

En el plano espiritual Amalec representa una lucha contra una u otra adversidad oculta, es un tipo de la carne que pelea contra el Espíritu, es la guerra contra el cristiano, estos amalecitas se presentan por nuestros propios deseos, o asuntos sin resolver, por el mundo o por Satanás.

Estos amalecitas atacan cuando estamos atrás, débiles, distraídos, cansados, lejos de la comunión, cuando de nuestros labios no sale una alabanza, la oración se queda corta, no nos da deseo de orar, ni de leer o estudiar la Palabra… entonces, ¡Se presenta Amalec!

Cuando bajamos los brazos y no podemos adorar a Dios, empieza a prevaler Amalec, pero cuando levantas tus manos ¡todo imperio cae!, se cae, se cae, porque Dios está en medio de la alabanza…

Los israelitas tenían que enfrentar a Amalec, así tenemos que enfrentar aquello que no nos permite un crecimiento espiritual, aquello que mengua nuestra fe y pelear nuestra batalla personal.

Ahora, si estamos en una batalla debemos tener en cuenta dos pasos:

1. Identificar al enemigo, saber contra quien peleamos, quién es el enemigo.

Muchas veces pensamos que la pelea es con un cigarrillo, un pote de ron, pensamientos impuros, apetitos sexuales desenfrenados… todas estas son luchas de la carne con el espíritu, pero hay una lucha personal que se libra mucho más profundo todavía y es cuando no sentimos la presencia de Dios, cuando en nuestra vida no hay avivamiento y vivimos en una mediocridad espiritual y lo que es peor una hipocresía espiritual, dentro de la Iglesia es una cosa y fuera es otra; vivir como los fariseos, confiaban en sí mismos, se creían justos, menospreciaban a los que eran diferentes a ellos, hasta que llegó Jesús y les dijo: ¡Fariseos hipócritas!

Mateo 23:13 Mas ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando.

Mateo 23:14¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque devoráis las casas de las viudas, y como pretexto hacéis largas oraciones; por esto recibiréis mayor condenación.

Mateo 23:23
!!Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello.

Lucas 11:44
!!Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! que sois como sepulcros que no se ven, y los hombres que andan encima no lo saben.

He visto y leído muchos libros que han tocado el tema del fariseísmo en el cristiano, quiero enumerar una serie de pasos para juzgarnos a nosotros y detectar el fariseísmo en nosotros, solamente vamos a tomar 6 maneras, en cada una de ellas veremos a muchos enemigos:

1. Cuando el espíritu de religiosidad se manifiesta en aquellos que no aceptan corrección (no voy a cambiar, porque yo soy así), son tercos, obstinados, no acepta.

1 Samuel 15:23 “porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación”

2. Siempre están inclinados en ver lo negativo de los demás (yo soy el perfecto y los demás son imperfectos)
Son contenciosos, hay que buscar una razón para discutir o disentir con el otro, busca la contienda no para edificar, sino para contender, posee un espíritu de crítica (Es el hermano que deja a Satanás sin empleo).

3. Sentirse elegido para estar más cerca de Dios que los demás.

¿Recuerdan la parábola del fariseo y el publicano?

Lucas 18:10 (v. 11) El fariseo, puesto de pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aún como este publicano (pecador).

Proverbios 6:16-19 “Seis cosas aborrece Jehová, y aún siete abominan su alma: Los ojos altivos, la lengua mentirosa, las manos derramadoras de sangre inocente, el corazón que maquina pensamientos iniquos, los pies presurosos para correr al mal, el testigo falso que habla mentiras, y el que siembra discordia entre hermanos.

4. Cuando la vida espiritual era de mucha oración, pero después se convierten en oraciones mecánicas, repetitivas, de muchas palabras; no hay búsqueda del rostro de Dios

Los fariseos hacían las cosas para dar espectáculos, se paraban en las esquinas para mostrar cuán espiritual eran, tenían unos hilos que llamaban filacterias, que según el diccionario bíblico los judíos escribían en tiras de pergamino algunos preceptos de la Ley; estos preceptos se encerraban en cajitas que eran atadas al brazo izquierdo o en la frente con filacterias o lazos. Jesús criticó que los fariseos hicieran las filacterias llamativamente anchas (Mateo 23:5), según los usos y costumbres del pueblo hebreo, mientras más larga más espiritual.

5. Los fariseos demandaban recibir reconocimiento de todo lo que hacían: (v. 12 del capítulo 18 del Evangelio de Lucas) ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano…hice, hice, hice… esperando reconocimiento. Cumple con su llamado, a ser cristiano, Dios te va a recompensar porque es fiel y verdadero.

6. El espíritu de crítica. Si el culto es largo…Si el culto es corto y el pastor predicó en 20 minutos, al pastor se le fue la unción; si hay mucha gente, hace mucho calor; pero si hay pocas personas esta Iglesia está mal.

No opine lo que no entiende, no critique, lo que es peor no se vaya a pelear contra Dios.

Dijimos que el primer paso es Identificar al enemigo, saber contra quien peleamos, quién es el enemigo.
El segundo paso es:

2. Saber que en medio de la batalla espiritual el Señor está en ella.

Un claro ejemplo lo vemos en el Evangelio de Juan 21: 3-11

¿Por qué Juan identificó a Jesús?

a) Lo identificó por la abundancia de peces (era un milagro), la red vacía y luego llena.

El que entrega todo Dios le da TODO.

b) Juan era el ADORADOR, fíjese en el verso 7 “Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro:…”, no el que amaba a Jesús, sino al que Jesús amaba. Juan se recostó en el pecho del Maestro.
(Juan tenía unos 17 años cuando caminó con Jesús, Pedro tenía 40 años, casado con suegra y todo).

c) Juan tenía los oídos espirituales abiertos, Juan estaba en un enfoque de agradar a Dios, tenía coraje, santidad, era un hombre de fe.

Muchas veces decimos: ¡Tengo tanto tiempo en el Evangelio y tengo las redes vacías!, Dios está en medio de nuestras batallas, abramos nuestros ojos y oídos espirituales, enfoquémonos en agradar a Dios.

Ahora, Dios te ha puesto como portaestandarte, Dios te ha dado el privilegio de ir delante, llevando el Evangelio de la paz a nuestra nación.

Apocalipsis 3:11 “He aquí yo vengo pronto; – dice el Señor – retén lo que tienes para que ninguno tome tu corona”.

Que al final podamos decir como el apóstol Pablo:

“He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe; por lo demás me está guardada la corona de justicia que me dará el Señor, juez justo en aquel día y no solo a mi, sino a todos los que aman su venida”.

¡Dios les bendiga, Dios les guarde!